Apenas pisé tierras mexicanas para tener una nueva vida con la persona que acompaña mi días, repicó el teléfono para avisarme que mi madre sufría de una enfermedad casi incurable. Ese fue mi debut en la tierra de las pirámides y de los rosas opacos, de lo maravilloso y de lo inmundo en un mismo nudo, que entrelaza a una cultura palpitante de energía, agotadora, fría y dulce, que empalaga y confunde al que la pisa por primera vez. Apenas estaba saboreando los placeres y las diferencias culturales que marcaban un gran abismo entre mi país de nacimiento, Venezuela y este torbellino de sentidos que llaman Ciudad de México. Apenas calmaba el vértigo que provoca haber saltado un gran mar de distancias que me alejaban de mi tierra pero me acercarían a destinos más hondos. Apenas había caminado unas cuadras cercanas a mi nuevo hogar en la Calle de Cuernavaca en la Colonia Condesa, percibiendo ruidos como el incomparable silbato del "cam...
Recuestas la espalda en las rejas de la celda y duele, tratas de apoyar la espalda en la pared y el hueso que sostiene la columna se tensa más, te oprime los gluteos, has pasado meses en la cárcel sorteando toda clase de posturas para el cuerpo y la mente, no te rindes, pruebas acostarte boca arriba en el piso poroso de cemento que huele a polvo y orines. Te enderezas, te levantas, quieres volar, salir por cualquier hoyo, por cualquier gota de agua o de sudor que se deslice por la rendija de la regadera, aunque a veces se hace un charco que se pudre con los restos corporales de todos los presos. Todos los días ansías tener sexo en una cama cómoda pero es tan violenta la vida dentro de tu cabeza que ya te has resignado a negarte imágenes provocativas. Lo único que te mueve es la "salida", la próxima batalla política, abrazar a tus hijos que a veces sientes es todo tu pueblo, quieres escribir la historia de Venezuela que muchos esperan afuera cuando te gritan "liberta...
Tenía ganas de escribir sobre el feminismo, como si cualquiera "pudiera" hacerlo, al menos intentarlo, en un mundo donde las etiquetas, la moda y las descarnadas competencias femeninas permitieran a una mujer común que no pertenece a ningún grupo activista o de investigación hablar sobre el tema, decidirse y prometerse llegar a un punto exitoso en el apoyo al tema y al menos desempolvar las teorías que lo alcanzan y lo abundan. También, debo decirlo, en un momento histórico donde se debe exigir el rigor que el tema amerita. A pesar de observar en algunas de las organizaciones esta forma abstracta de discriminación en el ambiente público y privado me permito no ahondar en lo negativo y parto de la curiosidad propia de las que caminando por la calle, sin cámaras o medios a nuestro alcance, hemos empezado a entendernos desde dentro, desde nuestros conceptos y desde nuestras propias omisiones reconociéndolas. Ellas somos muchas en todo sentido. No encarno para nada las cara...
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