Apenas pisé tierras mexicanas para tener una nueva vida con la persona que acompaña mi días, repicó el teléfono para avisarme que mi madre sufría de una enfermedad casi incurable. Ese fue mi debut en la tierra de las pirámides y de los rosas opacos, de lo maravilloso y de lo inmundo en un mismo nudo, que entrelaza a una cultura palpitante de energía, agotadora, fría y dulce, que empalaga y confunde al que la pisa por primera vez. Apenas estaba saboreando los placeres y las diferencias culturales que marcaban un gran abismo entre mi país de nacimiento, Venezuela y este torbellino de sentidos que llaman Ciudad de México. Apenas calmaba el vértigo que provoca haber saltado un gran mar de distancias que me alejaban de mi tierra pero me acercarían a destinos más hondos. Apenas había caminado unas cuadras cercanas a mi nuevo hogar en la Calle de Cuernavaca en la Colonia Condesa, percibiendo ruidos como el incomparable silbato del "cam...
Tenía ganas de escribir sobre el feminismo, como si cualquiera "pudiera" hacerlo, al menos intentarlo, en un mundo donde las etiquetas, la moda y las descarnadas competencias femeninas permitieran a una mujer común que no pertenece a ningún grupo activista o de investigación hablar sobre el tema, decidirse y prometerse llegar a un punto exitoso en el apoyo al tema y al menos desempolvar las teorías que lo alcanzan y lo abundan. También, debo decirlo, en un momento histórico donde se debe exigir el rigor que el tema amerita. A pesar de observar en algunas de las organizaciones esta forma abstracta de discriminación en el ambiente público y privado me permito no ahondar en lo negativo y parto de la curiosidad propia de las que caminando por la calle, sin cámaras o medios a nuestro alcance, hemos empezado a entendernos desde dentro, desde nuestros conceptos y desde nuestras propias omisiones reconociéndolas. Ellas somos muchas en todo sentido. No encarno para nada las cara...
Eugenia estuvo lavando la ropa por largo rato, no le pesaba el oficio diario, pero ese sábado cargaba un gran apuro. Debía salir de casa antes de las 4pm para que nadie notara su ausencia y pudiera hacérsele posible llegar antes del anochecer que es cuando toda la familia llega a comer lo que ella prepara. Mientras se le deshace el jabón entre las manos y la ropa que enjuaga, Eugenia reconoce el dolor de vientre que provocan los embarazos y los mareos que van y vienen confundiéndolo todo. Sube su pie izquierdo a la altura de la ingle derecha para relajar el vientre, ahí se apoya y se mece un rato. Sabe, reconoce, que vuelve a estar embarazada. Lo sabe desde hace días que sus pezones se tornaron violáceos, se hincharon y su cadera se siente pesada. Lo sabe. Eugenia tuvo que ser madre muy joven, era lo que “le tocaba”. Hoy, a sus 36 años, tiene cinco hijos que para los provida no es importante sab...
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