Perreo: El origen del término está vinculado a los movimientos que realizan los perros durante el apareamiento. Uno de los temores más grandes que una tiene, es convertirse en defensora de causas o iniciativas que terminen siendo absurdas, pero a todos nos pasa una o cien veces. Eso me transporta a un sonido que siempre ha estado repicando en mi cabeza. Casi nunca lo omito, porque viene acompañado de un bellísimo recuerdo en el que mi madre sujetando el periódico dice, casi en un murmullo, con su cabeza tierna de medio lado, una frase que repetía mucho: “Hay que tomar posturas en la vida”. Con esa voz que para mi era dulce y también mandante he tratado de ver el mundo, con ese tono, esa melodía; sabiendo que no siempre se puede ser congruente con todas las palabras que una vez dijimos, pero estudiar los matices en uno mismo es más útil que azotarnos moralmente sin llegar a ningún lugar que produzca transformaciones reales. Trato de tomar argumentos a través de la...
Revista Esferas Universidad de Nueva York Esferas Issue Eight - Spring 2018 Convivir en espacios precarios es, por decir lo menos, una forma de vida en América Latina. Una especie de cultura de la precariedad nos sorprende pero nos define y nos persigue dentro de un mecanismo en que las ciudades son sometidas a presiones y experiencias que conducen al ciudadano a una existencia frágil, sin presente ni futuro. Es así como el ciudadano común reaprende cada tanto a ver lo precario como autóctono, la miseria como modo de vida y las ciudades como magníficas generadoras de resistencia y arte de la sobrevivencia. La memoria colectiva se unifica en una solidaridad frágil y se identifica como una nada que muchas veces se confunde con folclore y una alegría evasiva que es la clave para sobrevivir. Una ceguera nos inunda cuando somos capaces de tomar un café en un lujoso centro comercial que se sostiene contra las paredes de una vecindad a punto de ...
Algunas mujeres medimos mal, calculamos mal, esperamos que desde la infinitud del cielo hasta la tierra, donde se mezcla la sangre de quienes fueron violentadas y asesinadas con el polvo, todo se trate de salvarlas, de curarlas y cuidarlas. Pensamos mal, ponemos todos los huevos de un país en una sola gallina y sin duda somos ingenuas y hasta soñadoras. Pretendemos que se analicen los datos y se reparen los daños de una buena vez, que se tome en cuenta cada grito, cada uña partida suplicando a una pared que se abra y se convierta en libertad, que cada planta arrancada de raíz por dos manos desesperadas tengan respuesta y que cada madre tenga en sus brazos un consuelo, una evidencia, una muestra de algo que una vez tuvo vida. Los consuelos son tan infinitos como ese cielo que imaginamos que todas miran pidiendo clemencia. Pueden ser huesos rotos, pedazos de tela podridos, aretes oxidados, dedos entumecidos, un ojo que lloró mucho antes de ser arrancado, una cadena que tuvo que romperse ...
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