Eugenia estuvo lavando la ropa por largo rato, no le pesaba el oficio diario, pero ese sábado cargaba un gran apuro. Debía salir de casa antes de las 4pm para que nadie notara su ausencia y pudiera hacérsele posible llegar antes del anochecer que es cuando toda la familia llega a comer lo que ella prepara. Mientras se le deshace el jabón entre las manos y la ropa que enjuaga, Eugenia reconoce el dolor de vientre que provocan los embarazos y los mareos que van y vienen confundiéndolo todo. Sube su pie izquierdo a la altura de la ingle derecha para relajar el vientre, ahí se apoya y se mece un rato. Sabe, reconoce, que vuelve a estar embarazada. Lo sabe desde hace días que sus pezones se tornaron violáceos, se hincharon y su cadera se siente pesada. Lo sabe. Eugenia tuvo que ser madre muy joven, era lo que “le tocaba”. Hoy, a sus 36 años, tiene cinco hijos que para los provida no es importante sab...
“Un amor de fuego que no queme el cerro al primer error” Vivir Quintana Esta ha sido una larga travesía, y como todas, inician, se mecen y mueren cada vez. Toman el riesgo por los cuernos, adelantan y atrasan la embestida, se paralizan, se nutren, arrancan, se pierden en el remolino más profundo de todo eso que son y se arrastran finalmente pidiendo auxilio para volver a nacer. Así son las luchas, tienen la magnífica posibilidad de reinventarse. Las luchas y los movimientos que tienen visibilidad crean una incomodidad tan grande que las primeras respuestas se centran en desacreditar, nublar, cercar y dañar todo lo que venga de ellas. Clasificar las formas de protesta, los escritos, las canciones y los discursos de la sociedad civil, es el mecanismo que los encargados tienen para desdibujarlo todo, pero como dije antes, desde la tormenta del auxilio ignorado o atendido, la mujer vuelve a levantarse. El argumento predilecto y falso es que hay muchas ...
Algunas mujeres medimos mal, calculamos mal, esperamos que desde la infinitud del cielo hasta la tierra, donde se mezcla la sangre de quienes fueron violentadas y asesinadas con el polvo, todo se trate de salvarlas, de curarlas y cuidarlas. Pensamos mal, ponemos todos los huevos de un país en una sola gallina y sin duda somos ingenuas y hasta soñadoras. Pretendemos que se analicen los datos y se reparen los daños de una buena vez, que se tome en cuenta cada grito, cada uña partida suplicando a una pared que se abra y se convierta en libertad, que cada planta arrancada de raíz por dos manos desesperadas tengan respuesta y que cada madre tenga en sus brazos un consuelo, una evidencia, una muestra de algo que una vez tuvo vida. Los consuelos son tan infinitos como ese cielo que imaginamos que todas miran pidiendo clemencia. Pueden ser huesos rotos, pedazos de tela podridos, aretes oxidados, dedos entumecidos, un ojo que lloró mucho antes de ser arrancado, una cadena que tuvo que romperse ...
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